Todo queda a kilómetros
★★★★★
Maravilloso e inquietante.
En los dos primeros cuentos hay un elemento sumamente ominoso en el que no supe si es un cuento fantástico o si, simplemente, la vida kilómetros lejos de lo urbano es así, como ese olor a quemado que persiste. Esa incertidumbre hizo que volviera una y otra vez a distintas partes de cada texto, y lo digo de buena manera, porque las imágenes que entrega Vera son suculentas, exigen esa visión reiterada.
El tercero es igual de potente, pero menos ambiguo en ese aspecto. Me hizo pensar en Blue Velvet de David Lynch por retratar ese infierno lleno de demonios en un lugar más grande que también es el infierno. El contexto evangélico enriquece la experiencia porque muestra una cultura tan presente en Chile y a la vez tan oculta entre paredes. Literalmente: un hogar, una habitación como nido de demonios.
El final es precioso.
Realmente pienso mucho en Lynch. Mucho fuego entre imágenes, mucha pérdida, mucha emoción que no supe si era sueño, fantasía o una realidad que me he negado a ver, pero que allí está, en el inconsciente.